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Albert Pla, el juglar fulmina al cantautor
• El artista potenció sus habilidades como narrador y 'showman' en el festival Temporada Alta, de Girona
Albert Pla se nos deconstruye, cada vez más apegado al relato crudo, sin embellecedores, que avanza en escena a trompicones, sujeto a sus golpes de genio y figura. Se habrían agradecido, el sábado en el Auditori-Palau de Congressos de Girona, algunos de los colores de su nuevo disco, La diferencia, aunque solo fueran las guitarras rumberas de Diego Cortés. Pero, en Temporada Alta, ganó el Pla narrador y showman, dotado para explicar historias ingeniosas, demenciales, a veces emocionantes.?El 28 de octubre se cumplen 20 años de su triunfo en la Muestra de Canción de Autor de Jaén, minuto cero de su carrera, y la desnudez de aquellas primeras canciones regresa, acentuada, en su actual formato escénico.
Ahora Pla no requiere de mayores asideros que su propia inventiva, y la guitarra solo le sirve para poner el acento en un verso enfático o esbozar un estribillo. Priman los relatos, muchos en primera persona, que mezclan costumbrismo trash e incorrección política, como en la historia inédita del Sargento Pérez, donde el protagonista es ejecutado por un comando de feministas. Pero es más valioso el Pla que sacrifica el efectismo por la sutileza; el Pla imaginativo que, además, toca fibras sensibles: el de Corazón, donde pinta con hiperrealismo y un punto de ternura a un personaje desprovisto, literalmente, de este órgano vital.?El recital integró las 11 canciones de La diferencia y otras dos que no ha llegado a grabar.
Momentos gamberros, como Malos pensamientos, destartalada rumba punk con pistas de audio pregrabadas, y vulnerables, como Buscando y Ciego, que Pla abordó con la sala a oscuras, paseando por la platea con un casco del que salían tres puntos de luz, como en la portada del disco. Deleitó la aventura de La colilla, que quizá hiera sensibilidades con su alegre relato de unos Estados Unidos calcinados.'ROAD MOVIE' ETÍLICA .
La cima fue la road movie de La nit (Juerga catalana), donde Pla y su partenaire terminan con las reservas de alcohol del principado previo paso por la Collada de Tosses y todos los bares al sur de la Ronda de Dalt. Las nuevas historias tocaban a su fin, pero Pla ofreció unos bises en los que el viejo cantautor suplantó al juglar, Papà, jo vull ser torero y Somiatruites, más otra pieza nueva pendiente, Soñando, con trampa: tras unas estrofas, encendió un cigarrillo y la canción siguió sonando tal cual, pregrabada. Con Pla, las cosas nunca son lo que parecen.
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